LE HABLO DE UN 9 DE JULIO

Le hablo de un 9 de julio, de cuando la 
Independencia; mire que apuntaba fiero 
la Patria nuevita y tierna; la toreaban por
el norte tan duro que era una pena: tropas 
del alto Perú, del Rey o tal vez la Reina,
toda gente veterana muy bien armada 
y dispuesta; menos mal que Martín Güemes
con sumosada salteña y sus bravos infernales
les han cerrado las puertas. De los cerros han 
bajado cayéndoseles por sorpresa y hasta con 
la caballada alzándoseles a cuenta. 

AH! gauchos de guardamontes y de tamañas 
espuelas, seguro no hubiera habido sin ellos
Independencia. Y del este ¿qué me dice? 
por ese lado se cuela la brava portuguesada
que para Janeiro rumbea, y dicen que desde 
allí, cosa que pintaba fiera, 5 mil hombres
o más al Plata venirse piensan.
Lindo tiempo pa largarse a gritar 
­Independencia!
¿Y qué me cuenta de Chile?
Por ahí los godos ordenan; San Martín le 
sale al paso cruzando la Cordillera,
apalabrándolo a Güemes pa que el invasor 
contenga: tiempos medio enredaos pa largarse
a gritar ­Independencia! 
Los Criollos que no se entienden, los godos 
que los pelean, y la Patria pobrecita, 
alentando como sea, viviendo poquita edad 
y amenazada de veras: momentos medio 
fierazos palargarse a gritar ­Independencia!
Pero la suerte está echada; bueno será que 
así sea ¿dónde ha de ser el Congreso pa ver
como se gobiernan estas provincias que 
que alguna vez se pelean: no por cierto en
Buenos Aires, porque las provincias celan,
con razón o sin razón de toda gente porteña.
Ya llegen los diputados trajinando en esas 
huellas, algunos muy señorones y otros con
toda llaneza, por esos duros caminos en 
galeras o en carretas, hasta de Charcas y 
Mizque desde el alto Perú llegan.

Ya el Congreso se inaugura y ya también 
delibera; el Dr Pedro Medrano asume la 
Presidencia: primero todo es tanteo, sin
ponerse el pie en la tierra; les reclama 
San Martín declarar la Independencia, y 
Pueyrredón y Belgrano y Güemes, que lo 
desean. Están tratando estas cosas y el 
peligro crece afuera: que si ponemos un rey
o algún Inca si nos queda, o de una vez 
rompemos las opresoras cadenas. 

Por fin Narciso Laprida que ocupa la 
Presidencia en aquel 9 de julio declara la
Independencia; hubiera visto alborotos y 
l grimas de pureza, y los abrazos y vivas
entre esa gente dispuesta: ya dieron el 
paso ansiado, ya la confianza se asienta, 
ya nos declaramos libres a los pueblos de
la tierra; por fin la Patria nuevita rompió 
sus duras cadenas. Así es la cosa amigos:
Todo lo que vale cuesta...

C. Di Fulvio - León Benarós.

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