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A
medida que pasan los años, la gente se olvida que es lo que realmente se festeja
los 25 de diciembre, algunos destacan un “espíritu navideño”, otros ven una
buena oportunidad para hacer lindos regalos, muchos aprovechan para reunirse con
familiares que no ven hace tiempo y un sinfín de actividades que surgen en esta
importante fecha, pero el origen real es la conmemoración y festejo del
Nacimiento del Niño Dios.
En un principio el pesebre sólo constaba del Niño, a principios del siglo IV se
incluyó el burro y el buey, a fines del mismo siglo se agregó una estrella. La
Virgen María, recién a partir del año 431, con el Concilio de Efeso, apareció en
el centro de la imagen. El primer pesebre viviente fue creado por San Francisco
de Asís en 1223, lo llevó a cabo conmovido por el fervor que viera en Jerusalén
para los festejos del 25 de diciembre.
Sin duda, es arraigada tradición todos los 8 de diciembre comenzar a armar el
pesebre para representar la Natividad. En los hogares e iglesias se ven pesebres
grandes, chicos, coloridos, hechos con elementos naturales, con figuras
artesanales, industriales, de plástico, madera, arcilla, etc.
En el Norte Argentino generalmente se hace el paisaje inspirado en la montaña y
como suelo se utiliza lona de arpillera, pasto seco o barba e’ queñoa (llamada
también barba e’ chivo), en algunos lugares se enharina la maqueta representando
nieve (hecho que en nada se parece a la realidad argentina puesto que en nuestro
Noroeste, en diciembre, la temperatura supera los 35 º C.), luego se agregan
figuras de pastores, animales de corral, árboles, la Virgen, San José, el buey,
el burro, ovejas y recién en vísperas de Nochebuena se incluye al Niño. El día
anterior a la epifanía se incorporan los Reyes Magos (5 de enero a la noche).
En Tucumán existe una población llamada Río Seco (57 kilómetros al sur de San
Miguel), denominada la “Capital provincial del Pesebre”, allí unos días antes de
la Navidad, los vecinos comienzan a construir pesebres en las calles.
Generalmente son construcciones de grandes dimensiones y que reproducen
hermosamente el Nacimiento del Niño Jesús. Están construidos con techos de paja
y adornados con barba del monte (barba e’ chivo), los paisajes tienen
corrientes
de agua y cerros; en la noche se los ve iluminados y los vecinos los recorren a
la salida de misa. Todos los años se genera la expectativa para ver como será
cada construcción y cual lucirá más. El pesebre de la comuna representa las
imágenes a tamaño real. Se desarman los pesebres el 6 de enero.
En Humahuaca suelen realizarse hermosos nacimientos. El pesebre está adornado
con vaquitas, corderitos, gallinas y trigales diminutos, colocándose al Niño
Dios en un sitio prominente.
En su homenaje suelen bailarse las "adoraciones", al son de la quena, el
charango, el requeque y el bombo. Los niños, cantando villancicos, danzan el
huachitorito, el borrachito, la escalera, el tucu-tucu y la adoración de las
cintas; en esta última los chicos tomados de las cintas que cuelgan de un palo
vertical, van trenzando figuras multicolores al tiempo que adoran.
Con la llegada de la Navidad y los pesebres se suman otras tradiciones, como el
dejar los zapatos al pie de la cama o en la ventana para esperar los ansiados
regalos. En la ciudad es más común pedir regalos al Niño Dios con una carta que
se dejará al pie del pesebre o del árbol navideño, en cambio en el campo las
esperanzas están centradas en los Reyes Magos, muchas veces poniendo un balde
con agua y un poco de pasto para que los camellos aprovechen la estada y se
alimenten. En las zonas rurales el Rey Mago más famoso y más querido es el
moreno, hasta existen festejos por el día de San Baltasar
El árbol y la Navidad
Se cree que la costumbre del árbol de Navidad, comenzó en Alemania, en la
primera mitad del siglo VIII. El relato más antiguo al respecto se refiere a san
Bonifacio (nacido Winfrid, en el año 680), un monje misionero británico que en
una ocasión pronunció un sermón el día de Navidad ante una tribu de germanos, en
las afueras de la ciudad de Geismar. Para convencerlos de que el roble no era un
árbol sagrado ni inviolable, el “Apóstol de Alemania” derribó uno ante el
público. Al caer, aplastó todas las matas y arbustos, excepto un pequeño abeto.
La leyenda difunde que Bonifacio, en su deseo de ganar conversos, interpretó la
supervivencia del abeto como un milagro, entonces decidió llamarle “árbol de
Jesús Niño”. A partir de entonces, se celebraron en Alemania Navidades plantando
abetos.
Dice la narración popular que Martín Lutero fue el primero en colocar velas
encendidas en un árbol. Así la leyenda cuenta que una tarde invernal, mientras
regresaba a pie a su casa, se sintió impresionado por el brillo de las estrellas
que parpadeaban entre los abetos. Para reconstruir la escena ante su familia,
colocó un árbol en la sala principal de su casa y adornó sus ramas con velas
encendidas.
Hacia el siglo XVIII, el Christbaum, o “árbol de Cristo”, era ya una tradición
firmemente establecida. Desde Alemania, la costumbre se propagó a otras partes
de Europa occidental y el resto ya es previsible, su salto a América, su
adopción y su uso hasta nuestros días
Más datos: "Las cosas nuestras de cada día" de Charles Panati