Espera del Pedro Changa - Milonga
(A. Tejada Gómez – Eduardo Gómez)

De verme cruzar los cielos

me llaman peón golondrina,

voy de región en región

siguiendo el rastro del clima.

‘Lo soñaron jinete, carpintero, capitán de las lluvias del verano. De niño lo querían de oro nuevo, minero del salar, sabio artesano. Porque las madres juegan a la espiga, húmeda sus canciones de milagro, rodeando a sus niños de luciérnagas en la tierna bandera del regazo. Si a uno le diera por tocar la pulpa, lo más sobrellevado de los años, haría fondo al fondo del anhelo que el Pedro Changa se quedó esperando. Con ese modo suyo de ir haciendo cigarrillos y estibas de cansancio hasta ponerse de humo y ser espeso como el pájaro oscuro del tabaco.

No vale recordar lo adolescente, lo que fue atravesar cañaverales gimiéndose la luna que gemía ceñida por la noche palpitante, silbándose el vigor, lo mujeriego, cantándose lo joven de la carne. No vale recordar cómo es que muere la verde brujería de la llama gastada por lo pobre y sin caminos que le gastó la fuerza al Pedro Changa. Fue a La Pampa en enero porque el trigo había puesto de oro la distancia y en marzo fue subiendo hasta las uvas que el sol de Cuyo preña de tonadas. Después entró al maíz, Santa Fe arriba desgranándole dientes sin ganancias cuando mayo tenía ya los ojos amanecidos de violenta escarcha. Julio lo vio trepar sobre los trenes hacia el azúcar agrio de la zafra y volverse algodón todo septiembre con el Chaco colgado a las espaldas.

Caminos de jornal ha andado el Pedro por todos los caminos de la patria para volver al fin ya sospechando que hay algo en todo esto que no anda por más que él ponga el hombro y que sus manos le hayan quedado anchas como el mapa… La desocupación junta a los hombres en la aurora trizada de la calle. Los ordena de gris, los alínea con una misma espina atravesada. Cada uno está solo con los otros buscándose cigarros y palabras mientras se cuentan hijos y decesos y pormenores de la mala pata. Entonces se le ve la traza al Pedro que se fuma hasta el pucho la esperanza apoyado en los hombros del silencio y buscando salidas a sus ganas’.

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